INDESEABLES JUNTO AL MAESTRO

La mala gente que trabajó con Damián Forment

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Damián Forment está considerado uno de los grandes escultores religiosos del Renacimiento español (+ 1540). Se supone su origen valenciano, pero consta su actividad sobre todo en tierras de Aragón. Suyos son los retablos de la colegiata de Gandía, la catedral de Huesca, la basílica del Pilar de Zaragoza, el monasterio de Poblet y Santo Domingo de la Calzada, que dejó inacabado. Este hombre, autor de tantos conjuntos piadosos, ante los que han orado muchas generaciones, tuvo sin embargo la mala fortuna de estar rodeado de indeseables : cuyas fueron a menudo las manos que le ayudaron a tallar sus devotas imágenes.

form2.jpg La comprobación de la ínfima ralea de algunos de sus colaboradores podría fácilmente conducir a sabrosas consideraciones sobre Psicosociología del Arte : hasta qué punto encontramos disociado el talante moral respecto del trabajo artístico y – mucho más – de las ulteriores consecuencias del mismo (en este caso, la emoción religiosa causada en los contempladores). Aplacemos, no obstante, hasta otra ocasión este atractivo horizonte para la reflexión y también para la investigación.

Fue Antonio Durán Gudiol quien publicó el proceso de maestre Sebastián Ximénez, mazonero, uno de los más allegados colaboradores de Forment durante su permanencia en Huesca. En su taller de esta ciudad realizó Forment precisamente, entre 1520 y 1534, sus trabajos para el monasterio de Sijena, La Almunia de Doña Godina, el Pilar de Zaragoza, Caspe, Tarazona y Poblet, además obviamente del retablo mayor de la propia sede oscense. Período fecundo, pues, durante el cual necesitó ayuda abundante y cualificada y debió constituirse en uno de los “polos” de atracción de la ciudad.

El proceso contra Ximénez se inició el 22 de marzo de 1548, fecha en que fue preso. No finalizó hasta el 12 de febrero de 1549, casi un año más tarde, cuando se dictó sentencia. Habiendo fallecido ya Damián Forment, se libró de declarar como testigo (hubiera sido un testigo de primera importancia). Desagradable trance para un hombre seguramente honrado y recto.

Abrumadora carga de acusaciones

El tal maestre Sebastián Ximénez era persona poco querida : ello queda sobradamente demostrado en los escritos del proceso que le fue incoado. Que hubiera hecho o no méritos para una pésima reputación es materia ya que escapa a la literatura legal. Pero en aquéllos han quedado, por lo menos, testimonios de ingentes cargas de malevolencia.

En efecto, fue acusado de un sinnúmero de delitos y tropelías. Se resumen en cuatro grupos, a saber :

a) defraudación en una sociedad que había formado con maestre Gil de Brabante ;

b) perjurio ;

c) robos diversos (particularmente, a Forment y a unos mercaderes);

d) mala vida y en especial malos tratos a su esposa, Mari Pérez.

Así expuesto, todo pudiera considerarse, hasta cierto punto, “pasable”. Pero las declaraciones añaden el colorido que falta en tan escueta relación. Afirmaron algunos testigos, por ejemplo, que había zurrado muchísimas veces a su mujer porque ésta se negaba a consentir el coito anal. Por si ello fuera poco, intentó hacerla abortar, para lo cual la golpeó y una vez tendida en el suelo pateó su vientre. Finalmente, la expulsó de su casa, por lo cual ella hubo de abandonar la ciudad. Pero no satisfecho con ello, buscó alguien que estuviera dispuesto a darle muerte.

En su defensa, maestre Sebastián negó aquellos cargos. Pero el cuadro que describió de su vida familiar es todo lo contrario que ejemplar :

– Mari Pérez era borracha – dijo – y por poco vino que bebiese salía de todo sentido, de manera que, privada del mismo, decía lo que en naturaleza humana no estaba pensado y hacía tales gestos y meneos que es vergüenza explicarlos.

Hembra de tales prendas, al parecer, se entregaba a cualquiera en sus momentos de ebriedad, de modo que los vecinos hubieron de poner al marido sobre aviso.

– También sabían que yo la reprendía – continuaba la declaración del inculpado – porque cometía muchos adulterios con muchas y variadas personas, en ausencia mía. Por eso decía muchas y diversas cosas contra mí.

No vaciló en dar algunos nombres : precisamente, los de varios de sus testigos de cargo.

– Iban a mi casa, estando yo ausente, y con celo de amistad procuraban que Mari Pérez bebiese vino, así la emborrachaban y le hacían decir lo que les apetecía. Pero no contentos con ésto, tenían acceso carnal con ella.

Desfile de malhechores

Los testigos llamados a declarar componen un verdadero “patio de Monipodio”. Maestre Esteban Solórzano, pintor, que también había sido aprendiz en el taller de Damián Forment (allí conoció al acusado), al parecer hubo de ser expulsado del mismo tras haber intentado violar a su hija, Ursula Forment. La defensa de maestre Ximénez le desacreditó completando su perfil con los siguientes rasgos :

– Se embriaga de tal modo que muchas veces le han de llevar de una parte a otra sin sentido alguno. Es parlero, mentiroso, envidioso. Salteador de huertos. Ladrón público. Ha defraudado en muchas iglesias, es decir, teniendo algunos retablos de aquéllas para pintar, ha quitado y hurtado mucha mazonería para aprovecharla y para finalizar antes la pintura que se le había encomendado. Es pendenciero, escandaloso, alborotador de pueblos. Ha dado muchas cuchilladas. Concubinario público, ha tenido muchas amigas concubinarias públicas, estando casado. Es jugador. Por perder en el juego, ha dado infinitas veces malos tratos a su mujer. A su suegro, maese Pau, hombre muy viejo y santísimo varón, le echó a palos de su casa, siendo suya la hacienda, y le hacía ir a comer de limosna, muerto de frío por las calles, por lo que el dicho maese Pau murió harto vergonzosamente. Hurtó una mula a unos parientes que tenía en Castilla, a quienes fue a visitar, y la vendió luego en Zaragoza.

Peor parado todavía queda maestre Pedro López, pintor, “el personaje con peores antecedentes y conducta de cuantos desfilaron en el proceso de Sebastián Ximénez. Es significativo que se viera involucrado en todos los intentos de asesinato revelados en el juicio, reales o ficticios” : así le caracteriza Durán Gudiol. En efecto, él mismo declaró haber recibido proposiciones del acusado para matar a su mujer, Mari Pérez. Se hace difícil dudar que aquel sujeto no estuviese capacitado para semejante “trabajo”.

A este Pedro López se le califica en el proceso como “parlero, chismoso, maldiciente, infamador, querulento, escandaloso, alborotador de pueblos y ladrón público” : retahila que – seamos equitativos con él – pudiera quedar aldo reducida, ya que muchos de estos baldones se expresan en términos casi sinónimos. El detalle de sus fechorías es más expresivo :

– Salteador en despoblado, yendo en hábito de lacayo, y bandolero, mudándose su habla, a saber, de aragonés en catalán, para no ser conocido. Robó vestidos y ropa de un criado de maese Forment, y le tuvieron a punto de ahorcar. Desafió a los de Morrano, por ver si les podía robar algún dinero y se avino con ellos por 40 sueldos que le dieron. Fingiéndose inquisidor, molestó a los cristianos nuevos, haciéndoles muchas vejaciones, tomándoles presos y finalmente concertándose con ellos por dinero. Fue a Puybolea (pueblo de moriscos) y tomó preso a uno del lugar, a quien rescató luego por 24 sueldos. Siendo bayle de Barbuñales, robó trigo y fue descubierto por los jurados. En hábito de bandolero y con siete u ocho lacayos, se apoderó de un preso en Aguas contra la voluntad del Justicia. Robó ropa en Angüés y la vendió en Barbastro. Tuvo un criado francés, a quien hurtó 400 sueldos y le dio una tunda de palos en un camino cuando aquél se dirigía a su país.

La lista de culpas de Pedro de Tapia, pintor, es menos extensa. De él se dice, ¡solamente!, que había sido proxeneta : tal es el testimonio de Joseph de Alastrué, pintor de Huesca. Otro pintor de la misma ciudad, Martín Guillem, lo confirmaba en estos términos :

– Es hombre de ruin especie y hace cuatro o cinco años vio el declarante que tenía una puta en el burdel y le ganaba para él. Y estando en casa de maese Jaime Ferrer, pintor, había ido a casa de éste con otro compañero a moler unos colores y le robó una manta.

En cambio, maestre Nicolás de Urliens, imaginero, no aparece manchado de ninguna manera. Su declaración fue bastante inconducente, quién sabe si por esa misma razón : en aquel contexto de fechorías, poco tendría que aportar un hombre honrado. Pero aporta luz sobre otro implicado en el proceso : uno de los demandantes le había amenazado con llevarle ante la Inquisición si no declaraba en su favor.

¿Una sentencia justa?

La referencia de Durán Gudiol recoge cuán escuetamente consta en la documentación el desenlace de aquel proceso : “La sentencia, inserta al final del rollo procesal, sin considerandos ni resultandos, no explica los motivos de su pronunciamineto por el Justicia de Huesca. La lectura de la causa, según se desarrolla en el voluminoso manuscrito, induce a creer que la sentencia fue justa, dada la poca consistencia de los argumentos de la acusación y las pruebas aportadas”.

El acusado, Sebastián Ximénez, fue absuelto. Sus acusadores, condenados al pago duplicado de las expensas, según fuero.

En puro derecho, nada hay que objetar ni a la sentencia ni al comentario de su editor : no hubo pruebas concluyentes y, en cuanto a los testigos de cargo, fueron fácilmente descalificados como tales debido a su pésima reputación.

Quedan, sin embargo, serias dudas acerca de la inocencia efectiva del encausado, puesto que vivía inmerso en aquel ambiente depravado. Parece lo más verosímil que el tal Sebastián Ximénez fuese, también, un “pájaro de cuenta”, que se benefició en su proceso de la opacidad ofrecida por el medio donde se desenvolvía y el nulo crédito ante los jueces de quienes le habían demandado.

Contemplando sus obras todos continuamos comprobando que Damián Forment fue un gran escultor. Verosímilmente, también un hombre piadoso. Pero releyendo la documentación de este proceso se hace no menos evidente que vivió rodeado de malhechores.




Cf. Antonio Durán Gudiol : “El proceso de maestre Sebastián Ximénez, mazonero (Huesca, 1548)”. Cuadernos Internacionales de Historia Psicosocial del Arte, núm. 2. Barcelona, 1983.




Obras documentadas de Damián Forment

Retablo de la cofradía de San Eloy, de Valencia (1509).
Retablo Mayor de la iglesia del Pilar, de Zaragoza (1509-1518).
Retablo de San Pablo, en la iglesia de esta advocación (1511).
Retablo de la capilla de P. Almazán, en El Pilar (1516). Desaparecido.
Retablo de la capilla de Jorge Cocci, en la iglesia de Santa Engracia, de Zaragoza 1517). Desaparecido.
Retablo de San Miguel, en la iglesia de San Miguel de los Navarros (1519).
Retablo mayor de la catedral de Huesca (1520-1532).
Retablo del convento del Carmen (1520). Desaparecido.
Busto de Santa Bárbara. Epila (1523).
Retablo de la Trinidad, en La Almunia de Doña Godina (1523-1524). Desaparecido.
Retablo de San Mateo de Gállego (1523). Se conservan sólo varias tablas pintadas.
Retablo de la Iglesia de la Magdalena, en Zaragoza (1524). Desaparecido en parte.
Retablo mayor de Binéfar (anterior a 1525). Desaparecido.
Retablo mayor del monasterio de Poblet (1527).
Retablo de la capilla Conchillos, en El Pilar (1528). Desaparecido.
Retablo de San Juan Evangelista, en Tarazona (1529). Desaparecido.
Retablo del monasterio de San Lázaro, en Zaragoza (1529). Desaparecido.
Retablo de la capilla de la Virgen María, en la iglesia de El Portillo (1529). Desaparecido.
Sepultura en la capilla Conchillos, en El Pilar (1529). Desaparecida.
Retablo de Jaime de Luna, en Caspe (1531). Desaparecido.
Retablo de la Resurrección, en Barcelona (1531 ?).
Retablo de San Nicolás, en Velilla de Ebro (1532).Quedan algunos restos.
Retablo y portada de San Juan de Vallupié, en Calatayud (1532).
Busto de San Sebastián con San Pelegrín, platero (1536 ?).
Busto de San Esteban con San Pelegrín (1536 ?).
Sepulcro de Juan de Lanuza, en Alcañiz (1537). Quedan algunos restos.
Retablo de Santo Domingo de la Calzada (1537).
Retablo de San Juan en Perpiñán (1539).
Imágenes para la custodia de la Seo de Zaragoza (1539).


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